Fina Catalina: pasta fresca rellena y pizza oblonga crujiente junto al Retiro (Madrid, España)

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Fina Catalina

Calle Castelló 1, 28001 Madrid

Fina Catalina: Restaurante italiano de reciente apertura junto al Retiro

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Chef Stefano Carta                  Fotografía: Fina Catalina

Ya conocéis mi obsesión por Italia, y sabéis que aquí en Madrid seguimos con nuestra búsqueda de los mejores restaurantes italianos de la ciudad. Así, en un local encantador muy cerca del Parque del Retiro –ideal para el paseo posterior a la comida–, prácticamente frente a la Casa Árabe en el barrio de Salamanca, se encuentra el último restaurante italiano que sabemos que ha abierto en Madrid –en febrero de 2017–.

El proyecto es del Grupo Wolf junto al ya conocido chef italiano Stefano Carta, hijo de Alberto Carta –pizzaiolo o maestro pizzero de la conocida Trattoria Manzoni cerca de la Calle Ponzano, donde han importado la receta familiar de pizza casera traída directamente del norte de Italia, exactamente del Lago Di Como–.

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Stefano trabajó en Don Lisander –recientemente trasladado de ubicación–, del que posteriormente se desvinculó para trabajar junto a su padre en Manzoni. Con semejante currículo no cabe duda de las habilidades de Stefano. Don Lisander y Manzoni están muy presente en el bagaje gastronómico de Fina Catalina, pero ésta va un paso más allá.

 

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No podemos decir que sea una trattoria –más que nada porque no es un ambiente informal con comida barata–, pero sí podemos decir que es un gran restaurante de auténtica y deliciosa comida italiana. Con tan poco tiempo que ha pasado desde su apertura, y sin preámbulos, nos atrevemos a incluirlo en nuestro top 10 de restaurantes italianos de Madrid, e incluso directamente dentro de la lista de los mejores restaurantes de Madrid. Sin duda alguna dará mucho de qué hablar este año.

 

 

Su decoración, con paredes de ladrillo visto, resulta un poco difícil de describir en una palabra: la Italia clásica está presente en la sala y en sus enormes cuadros; otra palabra apropiada sería elegancia –digna del barrio donde se ubica el local–, lo moderno está presente en la vajilla –muy variada– y el personal, mientras que lo vintage se asocia a su vistosa barra de mármol. Uno de sus puntos fuertes es lo que hemos llamado il salotto della nonna: un salón privado para unas 10-12 personas, réplica de la cocina de cualquier abuela de Italia.

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El baño también resulta muy curioso: tiene una bañera del siglo XIX que te da la sensación de estar en el baño de una casa en Italia más que en el aseo de un restaurante en España. Cuenta con dos plantas: la principal y más grande a pie de calle, y el sótano donde se encuentra la cocina acristalada y un pequeño reservado. De camino al aseo encontraréis unas escaleras; si echáis un vistazo veréis a Stefano trabajando en la cocina a través del cristal. Para quienes entiendan de motores no pasará desapercibida la Ducati de la entrada. El hilo musical completamente en italiano completa la experiencia y la sensación de estar en Italia.

 

La carta –muy completa– ofrece todo tipo de pastas y pizzas, risottos, ñoquis, etc. En algunos platos recuerda a sus dos antecesores –Don Lisander y Manzoni–. Recomendamos probar la pasta fresca rellena en la modalidad que más os guste: calabaza, solomillo, trufa o ricota y espinacas. Se ofrece todos los platos clásicos de la gastronomía italiana, pero sobre todo recomendamos encarecidamente sus pizzas oblongas –ovalada, irregular– de masa fina y crujiente que es fermentada durante 48 horas –muy propias del estilo del norte de Italia– y sus pastas frescas rellenas elaboradas en el mismo restaurante.

Para abrir boca nos trajeron vino italiano Stemmari Nero D’Avola de Sicilia –3,30€ la copa– y un pequeño aperitivo. Luego probamos una clásica pizza 4 formaggi biancaneve –13,50€– que es siempre un acierto: la mezcla de mozarrela, provolone, gorgonzola  y parmigiano no falla.

 

También degustamos los ravioli Mantovani –14,50€–, pasta fresca en su perfecto punto de cocción rellena de calabaza acompañados con salsa de mantequilla, salvia y parmesano; toda una delicia. Los ravioli Rosini rellenos de trufa negra y acompañados con salsa de foie –19,50€– no se quedan atrás: cuando llega el plato un intenso olor a trufa invade la sala.

Tampoco podíamos dejar pasar un risotto cacio e pepe –15,50€–: cremoso, con mucho sabor y perfectamente al dente. ¿Qué más se puede pedir? Ingredientes de calidad, pasta y masa fresca de elaboración propia, recetas típicas italianas, ambiente más que correcto. Lo único es que nos quedamos con ganas de probar el vitello tonnato –ternera con mahonesa de atún–, la pizza de huevos de codorniz y patatas, y el tiramisú. Volveremos para probar el pequeño reservado de la planta inferior, llamado “el almacén”, que es sólo para dos personas y está donde la cocina a la vista del cliente.

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Hay que decir que los postres eran muy correctos y estaban ricos, pero no nos emocionaron tanto como la comida salada. La “anarquía por chocolate” es la famosa mejor tarta de chocolate del mundo –también presente en la carta de Don Lisander y Manzoni, con un local ubicado a pocos metros de Fina–. La tarta de limón –6,50€–, aunque rica y elaborada en casa, si lo comparamos con lo exquisito de la comida salada, se queda muy justa. Llevaba una base de cubos de galleta, como si fueran picatostes, encima una crema de limón con su punto justo de acidez y acaba con un merengue  Lo mejor de los postres: la panna cotta, también heredada de sus antecesores.

Si tuviéramos que resaltar un defecto sería el mismo que señalamos en Don Lisander y en Manzoni: el servicio de sala no está a la altura de la calidad de la comida y el establecimiento. El persona de sala es majo, pero así como Fina comparte varios platos de su carta con sus antecesores, comparte también el despiste de sus empleados que desconocen, por ejemplo, detalles de la oferta gastronómica. Algo imperdonable para el nivel del restaurante, pero fácilmente subsanable con un mínimo de formación. Además ninguno es italiano, eso le daría un toque especial al ambiente. No todo puede ser perfecto, pero Fina roza la perfección.

El ticket medio ronda los 30€ por persona, que bien valen la pena. ¿Qué estás esperando? Ve a ponerte Fin@ Catalin@! 😉 Como siempre, os dejamos su página webTwitterFacebook e Instagram. Para reservar podéis contactar a través del 911 109 767 o del correo electrónico reservas@finacatalina.com. También podéis decir a Javier, el jefe de sala, que les habéis conocido a través de La Gastronófila.

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